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Los 5 temas claves de cooperación internacional que debes conocer



Temas claves de la semana:


1. El papel de China en África: ¿imperialismo o cooperación?

2. Canadá puede hacer más por el desarrollo internacional.

3. ¿Cómo pueden los países en desarrollo financiar los ODS?

4. ¿Cuál es la aportación de las entidades filantrópicas a cooperación internacional en el sector salud?

5. Convocatoria abierta para subvenciones de cooperación al desarrollo.


1. El papel de China en África: ¿imperialismo o cooperación?


La cooperación comercial entre China y África. El renacimiento de las relaciones para el desarrollo sur-sur al margen de Europa. Hay quienes lo llaman neocolonialismo, sin embargo, el desarrollo está siendo bilateral, y al contrario que las potencias coloniales, los chinos no quitan y ponen gobiernos a su antojo, crean protectorados y utilizan África como su patio trasero.


Aunque es innegable que las relaciones sino-africanas se basan en la lógica del mercado y los intereses propios de cada una de las partes, la relación que se ha creado es de "win to win", logrando responder a las necesidades de las economías emergentes. China está en África porque quiere sus recursos, y África abre sus puertas a China porque necesita sus inversiones.



No es ni justo, ni injusto. Ni bueno, ni malo


El cómo Pekín ha logrado establecerse en el continente africano no es ni justo, ni injusto. Ni bueno, ni malo. Porque la política no se entiende así. China recibe recursos a buen precio. A cambio, África (principalmente Angola, Nigeria, Kenia, Burundi, Sudáfrica, Egipto, Zambia, Malaui y Etiopía) tiene la posibilidad de subirse al carro de la globalización y el Siglo XXI. Y parece que ambas partes están contentas con los resultados. Tal es así que la colaboración comercial no ha dejado de crecer desde el 2000 hasta los últimos años. Si hasta 2009 la inversión directa de china era de 48.000 millones de dólares en el África Subsahariana, en la última década la cifra se ha disparado hasta los 251.000 millones. Traduciendo los números al sentir popular, de acuerdo a un estudio realizado por 'Afrobarometer' en 2016, el 63% de la población africana veía como algo positivo la influencia china en sus países.


Si bien África es una de las regiones del mundo con mayor crecimiento de población, la realidad es que son quienes menor flujo de Inversión Extranjera Directa per cápita reciben. África necesita empresas, y ser un lugar en el que nadie explota todo su potencial, lo que resultó ser muy atractivo para los chinos, que además partían con la ventaja de haber creado décadas atrás lazos políticos con muchos países del continente. Desde Pekín tienen tan claro que van a quedarse en África que en octubre de 2018 anunciaron que invertirían 60.000 millones de dólares en negocios dentro del continente para su desarrollo. Para tener un poco de perspectiva, es prácticamente el doble de lo que han invertido cualquiera de los años anteriores.


Desde una Europa paternalista, moralmente acomplejada por los siglos de esclavitud negra, es difícil entender que la lógica de mercado –frente a la humillante caridad– sea precisamente lo que necesitan los africanos. Pero es lo que necesitan los africanos. Si en África quieren dinero, deben empezar a producirlo por sí mismos, y China –insisto que es por interés–, hace esto posible.


Mientras Pekín recibe materias primas necesarias para su desarrollo industrial, África percibe una mejora de la salud pública, un desarrollo de la infraestructura, se beneficia de la transferencia de tecnología china y aumenta la alfabetización gracias a la formación de la población local para puestos especializados. Todo ello se resume en que mejora la calidad de vida.


A todo lo anterior hay que añadirle que cuanto más se desarrolla la economía de China, más aumenta la demanda y, por tanto, hay mayores beneficios para el continente. Y es que los chinos no solo invierten en materias primas, sino que también lo hacen en industria, agricultura y sector servicios.




Uno de los proyectos más ambiciosos que se pretende llevar a cabo es el 'Standard Gauge Railway Project', que tiene como objetivo conectar las principales ciudades de Kenia con las capitales de Uganda, Burundi, Sudán del sur y Ruanda, en una red ferroviaria de 2.935 kilómetros. La primera fase del proyecto, que conecta Nairobi con Mombasa, se finalizó en 2017. Se trata de un empuje muy grande para las oportunidades comerciales de los países que participan en el proyecto, ya que si quieres crecer, lo primero que debes hacer es mejorar las rutas comerciales. A saber: carreteras y redes ferroviarias. Por eso China también está participando en hacer posible la 'red de autopistas trans-africana', que conecta de norte a sur y este a oeste el continente con 9 carreteras de casi 60.000 kilómetros. Aunque algunos lo llamen imperialismo, suena más a cooperación.


Todas las luces tienen sombras


Es un hecho que si África crece, es gracias a China, pero esto provoca también inevitablemente una relación de desigualdad y dependencia. El desarrollo del continente africano depende de la necesidad china de comprar recursos y mercancías. Tras un 'boom' muy fuerte, el crecimiento económico chino se ha desacelerado –como era de esperar–, lo que repercute en una desaceleración por consecuencia de la economía en los países africanos con los que comercia; principalmente aquellos que exportan hierro, cobre y petróleo, las materias que más le interesan en Pekín.


Por otro lado, mientras los chinos importan materias primas, a África exportan productos terminados, lo cual provoca que algunos bienes producidos por los africanos sean sustituidos por productos chinos, en ocasiones de cuestionable calidad. La solución pasa inevitablemente por una 'globalización' de los acuerdos comerciales y 'diversificación del mercado', aunque ningún estado desarrollado del norte esté dispuesto a tener una relación de igual a igual con países del sur, lo que hace que China se mantenga (y parece que lo hará por varios años) como el socio preferente.


Aun así, a la idea de una 'diversificación' del mercado africano, parece que China no le fuese a poner excesivas trabas siempre y cuando tengan asegurado cobrar. De hecho, aunque los países africanos importan y exportan principalmente de y hacia China, los chinos importan la mayoría de otros países asiáticos. Del mismo modo, la mayoría de exportaciones chinas se hacen a EE.UU., Hong Kong, Japón, Alemania y Corea del Sur, demostrando así que su interés en África es meramente comercial (comprar recursos y vender infraestructura) y no colonial; y es que el país africano al que más exportan es Sudáfrica, que representa únicamente un 0,65% del total de las exportaciones chinas.


La trampa de la deuda no existe


Hay quienes hablan de una "trampa de deuda" por parte de China para atar en corto a los países africanos. Es una completa chorrada.


Cuando los líderes políticos no pueden usar a su arbitrio los ingresos estatales para enriquecerse ellos mismos o a su camarilla se elevan las probabilidades de que fortalezcan la capacidad fiscal del gobierno


La delirante teoría de que China está forzando a los países africanos a endeudarse por encima de sus posibilidades para así tenerlos atados en corto y dominados, en una especie de 'neocolonialismo', se desmonta sola cuando a fin de no 'reventar' la economía de sus socios, desde Beijing han tomado recientemente decisiones como extender de 10 a 30 años el tiempo que tiene Angola para pagar su deuda, cancelar 78 millones de dólares de deuda camerunesa, otros 160 millones de dólares que debía Sudán y todos los préstamos sin intereses adelantados a Etiopía. Por poner algunos ejemplos. Esta política es parte de la estrategia china en las relaciones con otros estados del sur, habiendo renegociado en la última década cerca de 50.000 millones de dólares que le debían sus socios.


Y es que China ni siquiera utiliza la deuda para hacerse con activos de terceros como algunos ya han dejado caer. Solo hay un caso registrado en el que los chinos han embargado activos de un socio. Se trata de cuando en 2016 Sri Lanka decidió entregar el control del puerto de Hambantota para no tener que pagar su deuda, por lo que tampoco podemos considerar un embargo de activos a lo que a todas luces es un acuerdo… que ni siquiera se realizó en África. Porque la política exterior china consiste en lograr la máxima cooperación y la mínima confrontación. Es una herencia de la idea del Datong o 'Gran Harmonía/Comunidad', original del confuncionismo pero presente también en el socialismo chino.


Recomendaría a quienes desde Think Tanks atlantistas juegan la carta de "la trampa de la deuda" para atacar el papel de China en África que guardasen sus plumas. Primero, por respeto a sí mismos, ya que teorizan en base a una falacia. Y segundo, porque África tiene más deuda con países e instituciones occidentales que con China. Es destacable que los países africanos con mayor riesgo de caer en una crisis provocada por la deuda, lo hacen por préstamos con países occidentales. Sin desoír, justificar o minimizar el impacto en la población que implica la deuda de África con China, tan solo pretendo matizar que, utilizar esa carta contra los chinos desde posiciones atlantistas es, cuanto menos, un ejercicio de hipocresía supina.


Y aun con todo lo anterior, el Fondo Monetario Internacional prevee que el África Subsahariana sea una de las regiones del mundo que más crecerá entre 2018 y 2022, estimando un aumento del PIB de entre el 3,5 y 3,95 %.



Si a estas alturas nada de lo expuesto le vale al lector, si aun sigue creyendo que el papel de China en África es mero neocolonialismo, y si aun sigue pensando que no es beneficioso el desarrollo del continente basado en el comercio en lugar de la caridad, me gustaría concluir no con una reflexión sino con datos; siempre fríos, directos e irrefutables.


Desde que China comenzase a invertir seriamente en África Subsahariana a principios de siglo, el PIB del continente se ha disparado de 378.000 millones de dólares a 1,8 billones en 2014, su mejor momento. El INB per capita creció de 531 en el año 2000 a 1.803 en catorce años. En 2014, el comercio entre chinos y socios africanos estaba valorado en 215.000 millones de dólares. Aunque la desaceleración de la economía china ha tenido un impacto negativo en el comercio, los números ya se están recuperando hasta casi los niveles de 2014, cerrando 2018 con un comercio valorado en 204.000 millones de dólares y un aumento de las importaciones que se traduce en el mayor porcentaje de crecimiento del mundo.


Escrito por Alberto Rodríguez García, periodista especializado en Oriente Medio, propaganda y terrorismo para RT. Lee la nota acá.


2. Canadá puede hacer más por el desarrollo internacional.



A pesar de las percepciones sobre el liderazgo de Canadá en la ayuda al desarrollo internacional, la contribución del país está muy por debajo del desempeño histórico del país, cree el Consejo Canadiense para la Cooperación Internacional (CCCI).


«Actualmente, Canadá está buscando un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 2021. La ayuda oficial al desarrollo siempre ha desempeñado un papel importante en las elecciones al Consejo. Sin embargo, en comparación con sus dos competidores por un puesto en el Consejo de Seguridad, Noruega e Irlanda, Canadá está muy atrasado en el logro de la meta acordada a escala mundial del 0,7% de la renta nacional bruta.» Comunicado de prensa del CCCI

El CCCI afirma por su parte que catorce países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), de la cual forma parte Canadá, superan los compromisos de ayuda oficial de Canadá al desarrollo, y estos países son gobernados por gobiernos ubicados a lo largo de todo el espectro política.


Los cinco países con mejores resultados son: Suecia, Luxemburgo, Noruega, Noruega, el Reino Unido y el Reino Unido.


¿Cómo se han comportado los anteriores gobiernos canadienses en términos de desarrollo internacional?


Históricamente, dice el Consejo Canadiense para la Cooperación Internacional, el máximo rendimiento de la ayuda oficial al desarrollo de Canadá ha sido responsabilidad de los primeros ministros conservadores Brian Mulroney y Joe Clark (ambos con el 0,47% del PIB), seguidos de cerca por el liberal Pierre Trudeau (0,44% de la RNB), padre del actual primer ministro Justin Trudeau.


El récord actual del gobierno, dice el comunicado, continúa la tendencia a la baja observada durante dos décadas tanto en las administraciones liberales como en las conservadoras.


«El presupuesto 2018 proporcionó 2.000 millones de dólares en nuevas inversiones para mantener la ayuda oficial al desarrollo no ha variado en relación con la economía en los próximos cinco años. En ausencia de inversiones adicionales en el Presupuesto 2019, la ayuda oficial al desarrollo de Canadá ni siquiera mantendrá el ritmo de la inflación» Comunicado de prensa del CCCI

El gobierno de Canadá explica en su sitio internet que de los 5 mil 606 millones de dólares en ayuda al desarrollo internacional, 852 millones de dólares van a la asistencia humanitaria del Canadá y que éstos han ayudado a salvar o mejorar la vida de más de 91 millones de personas en 64 países y ha respondido a 22 desastres naturales.


También explica que 90% de las inversiones bilaterales de asistencia internacional para el desarrollo de Asuntos Globales de Canadá están dirigidas a la igualdad de género o a la integración de la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas.


Perspectiva feminista


Bajo la tutela del primer ministro Justin Trudeau, el Gobierno canadiense se ha fijado objetivos ambiciosos en el marco de su política de ayuda feminista international enfocando la asistencia internacional canadiense para apoyar la igualdad de género como elemento esencial del desarrollo sostenible.


Esta política de renombre internacional, desarrollada como parte de un amplio proceso de consulta a las partes interesadas en Canadá y el tiene «un potencial considerable para producir un cambio positivo y duradero» en la economía mundial, dice el CCCI.


Sin embargo, cree esta instancia independiente, el gobierno federal aún no ha establecido el la financiación, y mucho menos los recursos adicionales, necesarios para lograr los ambiciosos resultados que está buscando.


Escrito por Paloma Martínez para Rcinet. Lee la nota acá.


3. ¿Cómo pueden los países en desarrollo financiar los ODS?



La deficiente gestión fiscal significa que las naciones más pobres a menudo padecen inflación. La recaudación de impuestos es un gran reto para estas economías.


Con objetivos tan amplios como poner fin a la pobreza en todas sus formas y prestar una educación de calidad universal para 2030, los Objetivos de Desarrollo Sostenible(ODS) son ambiciosos, mucho más que sus predecesores, los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Para que el mundo los alcance será un factor crucial el dinero, particularmente las finanzas públicas.


Tradicionalmente, la asistencia oficial para el desarrollo (AOD) ha desempeñado una función central en la financiación de esta agenda. Pero la AOD no bastará en tiempos en que la retórica nacionalista y las políticas aislacionistas ganan peso en algunos de los mayores países donantes del planeta, comenzando con Estados Unidos.


De hecho, en el mejor de los casos, la ayuda extranjera se ha mantenido sin variaciones y no se espera que aumente. Por el contrario, existe la clara posibilidad de que el fantasma de una recesión global —elevado por la guerra comercial de Donald Trump— signifique una reducción en los ingresos procedentes de países donantes, junto con un aumento de la demanda interna de gastos públicos. No son buenos augurios para los flujos de ayuda extranjera.


Esto implica que para implementar los ODS, los países en desarrollo deberán depender cada vez más en sus propios recursos. Y, de hecho, la Agenda 2030 prevé este imperativo: el primero de los objetivos es “fortalecer la movilización de recursos internos… para mejorar la capacidad nacional de recaudación de impuestos y otros ingresos”. La pregunta es cómo hacerlo.


La deficiente gestión fiscal significa que los países en desarrollo, en particular los de África, continente que alberga a 27 de los países más pobres del planeta, a menudo padecen inflación y crisis de la deuda, y muchos están a merced de los ciclos de precios de las commodities (materias primas) o productos básicos. La recaudación de impuestos es un gran reto para estas economías: en promedio, los países de ingresos bajos ingresan entre el 10 y el 20% de su PIB en este concepto, frente a cerca de un 40% en los países ricos.


Cuando los líderes políticos no pueden usar a su arbitrio los ingresos estatales para enriquecerse ellos mismos o a su camarilla se elevan las probabilidades de que fortalezcan la capacidad fiscal del gobierno.

Una de las razones principales es que estos países tienden a poseer economías informales de gran tamaño; otra es que invierten poco en la infraestructura necesaria para implementar una tributación personal, dependiendo en su lugar de los impuestos a la venta, más fáciles de desarrollar, pero que recaudan menos. Si a eso se añade la gestión deficiente de lo recaudado, estos países fracasan constantemente en la prestación de los bienes y servicios públicos necesarios, por lo hablar de asegurar su sostenibilidad fiscal.


Nuestros estudios muestran que la eficacia de la recaudación de impuestos y la solidez de los sistemas presupuestarios depende de forma crucial del grado en que las instituciones políticas dispongan de mecanismos de limitación del poder ejecutivo. Los gobiernos con sistemas creíbles e institucionalizados tienden no solo a recaudar más ingresos por impuestos, sino también a tener procesos presupuestarios más transparentes y predecibles.


Un motivo de peso para esto es la capacidad de rendición de cuentas. Dar a un solo ejecutivo un control prácticamente ilimitado de los recursos financieros estatales eleva el riesgo de que se produzcan cambios repentinos en las prioridades presupuestarias, y aumenta la tentación de gastar más en proyectos que enriquezcan a unos pocos a expensas del bien público. Pero cuando los líderes políticos no pueden usar a su arbitrio los ingresos estatales —digamos, para enriquecerse ellos mismos o a su camarilla— se elevan las probabilidades de que fortalezcan la capacidad fiscal del gobierno, lo que incluye su habilidad de diseñar, implementar y monitorear el presupuesto.


En un sistema parlamentario plenamente funcional, por ejemplo, un grupo de autoridades electas supervisa el presupuesto estatal de un modo relativamente transparente. Nadie tiene el poder para distorsionar el proceso de maneras que le beneficien. En lugar de ello, los líderes están bajo la presión de dar respuesta a las necesidades y preferencias de los votantes.


En ese contexto, la tributación se convierte en una transacción informada y consensual entre ciudadanos y el estado. Con ello se afianza la confianza en las instituciones oficiales, lo que a su vez eleva los ingresos y sustenta la estabilidad social y política.

Según nuestros estudios, implementar mecanismos de limitación del poder ejecutivo produciría, tras cerca de nueve años, un aumento de 2,4 % de la proporción del PIB. Tales cambios también elevarían la calidad de la planificación fiscal (es decir, la precisión de las previsiones de ingresos y la eficacia de la implementación del presupuesto y la gestión de la deuda) sobre el promedio global.


Estos avances se podrían traducir en más libros de texto en las escuelas locales, más vacunas para los servicios de salud locales, así como más recursos para los programas de reducción de la pobreza. En otras palabras, un sistema tributario limitado por instituciones que garanticen la transparencia y la rendición de cuentas podría ser un importante avance hacia el logro de los ODS.


Por supuesto, los efectos no serán inmediatos. La reforma institucional es un proceso gradual y los cambios legales no se traducen inmediatamente en cambios conductuales. Pero la integración de pesos y contrapesos a la función de gobierno (particularmente para limitar la discrecionalidad de la autoridad presupuestaria del ejecutivo) es esencial para lograr el tipo de transformación estructural que los países en desarrollo necesitan para crear futuros más prósperos y estables que se extiendan mucho más allá de 2030.


Los autores de este texto son: Tania Masi, investigadora de la Universidad de Milano-Bicocca; Roberto Ricciuti, profesor asociado de la Universidad de Verona; Antonio Savoia, académico en la Universidad de Manchester, y Kunal Sen, profesor de la Universidad de Manchester y director de UNU-WIDER. La nota de El País, acá.


Traducido del inglés por David Meléndez Tormen. Copyright: Project Syndicate, 2019.



4. ¿Cuál es la aportación de las entidades filantrópicas a cooperación internacional en el sector salud?



Un informe cifra en más de 12.600 millones de dólares las aportaciones de las entidades filantrópicas a cooperación internacional en salud.


La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) destaca que la filantropía ha adquirido un papel fundamental en el tratamiento de los problemas graves de salud en países en vías de desarrollo, al mismo tiempo que constata que las fundaciones se han convertido en las aportadoras mayoritarias en este campo.


El estudio de la OCDE 'Health and philanthropy, Harnessing Novel Approaches for Improved Acces to Quality Healthcare' (2019) cifra en más de 12.600 millones de dólares (11.394 millones de euros) las aportaciones de las entidades filantrópicas a cooperación internacional en salud. Entre las principales se encuentran Bill and Melinda Gates Foundation, Wellcome Trust y Bloomberg Philanthropies.


La OCDE remarca que la contribución de las entidades filantrópicas fue la tercera fuente de financiación en el campo de la salud para los países en vías de desarrollo, por detrás de Estados Unidos y el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria.


En concreto, apunta que las fundaciones aportaron más de 24.000 millones de dólares (21.702 millones de euros) a cooperación internacional entre los años 2013 y 2015, según los últimos datos disponibles, de los cuales los 12.600 millones de dólares (11.394 millones de euros) citados se destinaron a salud.


El 72% de esta contribución en salud corresponde a la Bill and Melissa Gates Foundation, según el estudio de la OCDE, que explora las nuevas formas de financiación y destaca la colaboración público-privada como una buena manera para extender la atención sanitaria en los países en vía de desarrollo.


El informe remarca la participación de la fundación La Caixa en el primer Bono de Impacto Humanitario, promovido por el Comité Internacional de La Cruz Roja (CICR).


El objetivo del programa de Inversión de Impacto Humanitario para Rehabilitación es promover nuevas fórmulas de financiación de la ayuda humanitaria y desarrollar programas de recuperación física de personas víctimas de conflictos a través de la construcción de centros de rehabilitación en países donde está presente Cruz Roja. El programa se dirige a personas que necesitan este tipo de intervención médica en Nigeria, Mali y República Democrática de El Congo.


Colaboración con Intermediarios


Los dos informes de la OCDE concluyen que el 97% de las donaciones de las entidades filantrópicas se canaliza a través de organizaciones intermediarias y sugieren un diálogo y coordinación entre fundaciones, gobiernos y otros actores implicados en la cooperación internacional, así como compartir conocimiento y experiencia.


Nota adaptada de Europa Press. Lee la nota acá.



5. Convocatoria abierta para subvenciones de cooperación al desarrollo.



El Ayuntamiento ha publicado las bases reguladoras de las subvenciones para el desarrollo de proyectos de cooperación. Es objeto de las presentes bases establecer el régimen de concesión de subvenciones para la realización de proyectos de cooperación al desarrollo, a través de entidades jurídicas que entre sus actividades esté la cooperación al desarrollo, tales como ONGD, congregaciones religiosas, fundaciones y similares.


Se prevén las siguientes líneas:

  • Subvenciones para el desarrollo de proyectos de cooperación.

  • Subvenciones destinadas a financiar actividades de sensibilización y/o educación para el desarrollo.

  • Subvenciones destinadas a financiar acciones humanitarias en casos de emergencia.

  • Subvenciones destinadas a financiar acogidas temporales de menores. Cooperantes locales jóvenes (18-35 años).

Recuerda que si eres una Organización de América Latina y el Caribe, para aplicar primero debes encontrar tu media naranja. La cual, la puedes encontrar en nuestro Directorio de Socios de Desarrollo.

En caso de no agotarse el gasto autorizado con destino a alguna de las líneas, los importes sobrantes podrán ser utilizados para complementar cualquiera de las otras líneas.


En cuanto a la convocatoria de 2019, los plazos de presentación de solicitudes son: En lo que respecta a la línea de subvenciones para el desarrollo de proyectos de cooperación, y las destinadas a financiar acogidas temporales de menores, en el plazo de 30 días naturales a contar desde el día siguiente al de la publicación de la convocatoria en el Boletín Oficial de Gipuzkoa (a partir del 20 de agosto).


En lo que respecta a la línea de subvenciones destinadas a financiar actividades de sensibilización y/o educación para el desarrollo, hasta el 30 de septiembre de 2019, desde el día siguiente al de la convocatoria en el BOG (desde el 20 de agosto). En lo que respecta a la línea de subvenciones destinadas a financiar proyectos de emergencia y/o ayuda humanitaria, hasta el 30 de septiembre de 2019, desde el día siguiente al de la convocatoria en el BOG (desde el 20 de agosto). En lo que respecta a la línea de subvenciones destinadas a financiar proyectos de jóvenes cooperantes, hasta el 30 de septiembre de 2019, desde el día siguiente al de la convocatoria en el BOG (desde el 20 de agosto).


Escrito por Ander Salegi Deba para El Diario Vasco. Lee la nota acá.

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